La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar ...
Un músico alto, fornido, de pelo encanecido y gran carisma, así era mi abuelito Juan, recuerdo su dulce sonrisa, sus manos grandes y sus abrazos eternos. Entre semana él ensayaba con su trombón, se sentaba en una silla que él había hecho, una silla delgada, de un tono cobrizo, de pino y palma, enfrente su atril plateado, lleno de hojas amarillentas en donde se pintaban notas desconocidas. Un día desde el jardín yo escuchaba su ensayo, mi mamá me había advertido que no interrumpiera, pero eso no importo, a gatas una niña de seis años se metía a la sala, traviesa, pensando que pasaba totalmente desapercibida, hasta llegar debajo de la pesada mesa de madera y mármol. Ahí me quedaba escuchando, de pronto comenzaba a sonar la canción "La cucaracha" yo sonreía, sabía que había sido descubierta, más feliz aún, sabía que esa canción estaba siendo tocada para mí. Con cariño para mi abuelito Juan Morales Montaño. María J. Morales